Entre mayo y junio pasados, Bolivia enfrentó una de sus crisis más severas de los últimos años. Durante 53 días, un paro general indefinido y bloqueos en las rutas principales interrumpieron la circulación de combustibles, alimentos e insumos, aislando ciudades y agravando el desabastecimiento en el país.
El presidente Rodrigo Paz Pereira sostuvo que el país "aguantó el ataque para romper el orden constitucional y la democracia". Durante un acto por el aniversario de la Revolución del 16 de julio, enfatizó que la principal lección de la crisis fue la unidad nacional frente a lo que consideró intentos de desestabilización.
El mandatario apuntó contra lo que llamó "falsos líderes" que utilizaron el conflicto para fomentar división y confrontación política. En su discurso, subrayó que las movilizaciones evidenciaron la interdependencia entre regiones: "Occidente no puede vivir sin oriente, pero oriente tampoco puede vivir sin occidente".
Paz también se refirió a la situación económica. Restó importancia al aumento del dólar, que se aproxima a los once bolivianos tras la adopción de un nuevo régimen de tipo de cambio flexible. Según el presidente, las variaciones en la cotización son normales en un contexto de generación de confianza para la inversión.




