Investigadores de universidades en Australia, Estados Unidos y China desarrollaron un método innovador basado en nanopartículas activadas por luz para mejorar el tratamiento del glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo y mortal.
El descubrimiento combina dos funciones en una sola herramienta: permite a los cirujanos visualizar con mayor precisión las células cancerosas durante la operación y, después de la intervención, destruye las células tumorales que quedan. Esto es crucial, ya que la recurrencia sigue siendo uno de los mayores desafíos para los pacientes con esta enfermedad.
El glioblastoma es particularmente difícil de tratar. Las células cancerosas se infiltran profundamente en el tejido cerebral sano, lo que hace casi imposible extirparlas por completo sin dañar estructuras vitales. Además, la barrera hematoencefálica bloquea el paso de muchos medicamentos, limitando las opciones de tratamiento. Por eso, apenas el 7% de los pacientes sobrevive cinco años después del diagnóstico.
La plataforma de nanoenzimas utiliza una lámina ultrafina de ingeniería atómica que trabaja con luz infrarroja cercana. Durante la cirugía, un colorante fluorescente ayuda a los cirujanos a identificar agrupaciones tumorales microscópicas de solo 44 micrómetros, mientras que moléculas especiales permiten que las nanopartículas atraviesen la barrera protectora del cerebro y se acumulen en las células de glioma.
Tras la intervención quirúrgica, esas mismas nanopartículas se reactivan con la misma luz infrarroja para eliminar las células cancerosas residuales que pudieron quedar.
"Es una guía precisa para el cirujano durante la operación y un tratamiento de limpieza focalizado después", explicó Shi Bingyang, catedrático de nanomedicina de la Universidad de Tecnología de Sídney (UTS), una de las instituciones líderes en el proyecto.
Los investigadores obtuvieron resultados prometedores en ensayos con ratones de laboratorio. Sin embargo, aún será necesario realizar nuevos estudios para confirmar la efectividad del método en cerebros humanos antes de poder aplicarlo en la clínica.
El estudio fue publicado en la revista Science Translational Medicine y es resultado de la colaboración entre la Universidad de Tecnología de Sídney, Harvard (Estados Unidos) y la Universidad de Henan (China).




