Desde abril de este año, cuando el Gobierno levantó las restricciones para comprar dólares, los argentinos adquirieron más de US$ 57.400 millones en moneda extranjera. Una cifra que cuadriplica todo lo que el país ganó por exportaciones energéticas en ese mismo período.
La demanda de dólares se mantuvo sostenida, con picos en septiembre pasado cuando los ciudadanos compraron cerca de US$ 7.000 millones. Desde entonces, el ritmo se moderó a un promedio de US$ 3.000 millones mensuales.
En agosto en particular, la salida de divisas del sector privado fue de unos US$ 2.600 millones. De ese total, US$ 1.100 millones quedaron depositados en bancos locales, US$ 700 millones se dirigieron a activos en el exterior y otros US$ 900 millones se utilizaron para pagar gastos con tarjeta en el extranjero e importaciones.
Este flujo de compra de dólares genera presión sobre el Banco Central. Aunque la cuenta corriente mostró superávit en cinco meses consecutivos, la demanda de cobertura es tan fuerte que la pregunta de fondo sigue siendo si el país conseguirá cubrir esa salida sin que el BCRA deje de acumular reservas.
Por el lado positivo, el superávit energético creció notablemente: en agosto de este año alcanzó US$ 7.200 millones, cuando en la misma fecha de 2024 apenas llegaba a US$ 4.226 millones. Esto refleja el impacto de los mayores precios del gas y el petróleo en los últimos meses.
La energía ya representa casi la mitad del saldo comercial total del país. De los US$ 24.460 millones de superávit de bienes en los últimos doce meses, el 45,3% viene del sector energético.
Los analistas advierten que la presión sobre las reservas podría intensificarse en 2027, año electoral, cuando la demanda de cobertura cambiaria típicamente aumenta por incertidumbre política.




