La escritora y cantante Karina Salazar lleva más de dos décadas viviendo en Suiza y presenció un cambio histórico en el país: el fútbol dejó de ser un deporte marginal para convertirse en pasión nacional durante este Mundial.
Desde Zúrich, Salazar recordó cómo era antes: "Ibas a la cancha y había dos policías para todo el estadio. Cuando hacían un gol, la gente solo aplaudía". Todo cambió cuando la selección suiza comenzó a ganar relevancia internacional.
La fiebre mundialista llegó a Suiza, un país conocido históricamente por su tranquilidad y mesura. "Ahora están hasta la una de la mañana en las estaciones de tren cantando y saltando. Para los estándares suizos están completamente descontrolados", bromeó la escritora.
Salazar también observó que Argentina marcó un punto de quiebre en cómo otros países celebran. "Nosotros siempre festejamos en las plazas, en el Obelisco, y ahora todos hacen algo parecido cuando gana su selección", comentó.
Mientras se prepara para el próximo partido entre Argentina y Suiza, Salazar contó que la comunidad argentina en el país se reúne en restaurantes para seguir los encuentros, aunque muchos deben madrugar por la diferencia horaria.
Precisión y nostalgia
Más allá del fútbol, la escritora destacó lo que caracteriza la vida en Suiza: eficiencia total. "Te acostumbrás a que todo funcione. Si se rompe algo en tu casa, al día siguiente tenés al técnico arreglándolo. Los horarios se cumplen, los servicios funcionan y todo es muy preciso". Incluso en detalles pequeños: si pedís 105 gramos de fiambre, intentan darte exactamente eso.
Salazar especializó su carrera como escritora en historias suizas, incluyendo una trilogía sobre la Guardia Suiza Pontificia, y conoció a su marido francés durante su residencia en Zúrich.
Pero el costo de vivir lejos no desaparece. "Uno se acostumbra a que todo funcione, pero cuando ocurre una pérdida familiar te volvés a preguntar qué hacés tan lejos. La nostalgia nunca desaparece", reconoció.




