La economía argentina enfrenta un fenómeno peculiar: mientras la inflación local se mantiene en torno al 30%, los precios en dólares suben aún más. Así lo advierte Marina Dal Poggetto, directora de la consultora EcoGo, quien señala que fijar el tipo de cambio genera un desfasaje con los costos internos, haciendo que el país resulte más caro para quien mida en moneda extranjera.
El diagnóstico apunta a un estancamiento que comenzó en febrero de 2025. Según Dal Poggetto, la inversión no crece, el consumo está frenado y el nivel de actividad se contrae. Aunque la energía, minería, el sistema financiero y el agro mantienen dinamismo, no es suficiente para compensar la caída en los sectores productivos tradicionales.
El Gobierno enfrenta límites operativos claros: compra menos dólares en el mercado y mantiene fuerte regulación sobre el tipo de cambio y la tasa de interés. Esta estrategia busca anclar la inflación en el IPC con miras a cerrar 2025 cerca del 30%, pero genera tensiones. Al sostener un dólar bajo mientras los costos locales suben, la Argentina se vuelve más cara para el exterior.
El panorama revela una economía atrapada entre dos fuerzas: el control cambiario, que protege el nivel de precios internos, y los costos reales que siguen trepando, erosionando la competitividad internacional.




