El economista Rodolfo Santángelo identificó la grieta más profunda de la economía argentina: mientras el país acumula reservas e impulsa exportaciones, el consumo interno está congelado porque no hay pesos circulando.
Aunque parezca paradójico, la disponibilidad de divisas no se traduce en recuperación de la actividad doméstica. El problema central no es la falta de dólares, sino la escasez de moneda local para que la gente compre, coma y pague servicios cotidianos.
Según el análisis de Santángelo, hay tres motores en juego: exportaciones, inversión y consumo. Las exportaciones despuntan gracias al petróleo y el gas. La inversión muestra dinamismo en sectores energéticos y grandes proyectos, pero languidece en industria y construcción. El consumo, directamente, brilla por su ausencia.
Las causas son múltiples. Los ingresos reales de la población cayeron aproximadamente 20% en la última década. El mercado laboral se precarizó con más informalidad y menor productividad. Y por si fuera poco, la cantidad de dinero en pesos disponible para créditos y transacciones es notablemente baja.
Santángelo fue directo con su crítica: "El gobierno fracasó en un objetivo que nunca se puso: recuperar la demanda de dinero, recuperar la confianza en el peso". Eso explica por qué, pese a la estabilidad cambiaria y el repunte de divisas, el consumo masivo sigue dormido.
Para el economista, la solución no está en ampliar créditos en dólares —ese mercado ya funciona—, sino en reactivar el financiamiento en pesos para la economía doméstica. Un problema que, según su diagnóstico, el Gobierno todavía no ha enfrentado de lleno.




