La apreciación del peso generó una paradoja en la economía argentina: mientras algunos productos importados se abaratan, la comida y los servicios locales se encarecen comparados con el exterior.
Un análisis del IERAL de la Fundación Mediterránea comparó precios entre Argentina y nueve países, y encontró que al cierre de agosto la Argentina resultaba más cara que sus competidores en el 48% de los casos de alimentos y bebidas. Hace apenas nueve meses, en diciembre, ese porcentaje rondaba el 39%.
El impacto es directo en la canasta diaria. Papas, gaseosas, cerveza y arroz blanco subieron de precio en términos internacionales, mientras que huevos y agua mineral tuvieron comportamientos más moderados.
Los servicios siguen el mismo camino. Restaurantes y planes de celular encabezan la lista de lo más caro del país en comparación global. En cambio, gimnasios, educación inicial, combustible y taxis aún mantienen precios competitivos.
La razón está en la política comercial: la apertura de importaciones y la baja de aranceles lograron abaratar bienes durables (ropa, calzado, electrodomésticos), pero no protegen lo que se produce localmente. El peso fuerte, que beneficia al que importa, perjudica al que vende adentro sin competencia externa.
Los salarios industriales formales, según el informe, pierden poder de compra en relación con el resto de la región cuando se trata de consumo básico.




