A 65 años del lanzamiento de la primera píldora anticonceptiva, Argentina registra avances regulatorios importantes pero también alertas epidemiológicas preocupantes.
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) autorizó recientemente extender la vida útil de los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración. El DIU hormonal de levonorgestrel podrá usarse hasta 8 años en lugar de 5, manteniendo una eficacia del 99,32%, mientras que el implante subdérmico se extiende de 3 a 5 años. Ambas medidas aplican incluso a los dispositivos ya colocados.
Menos cambios, misma protección
Según especialistas consultados, estas ampliaciones reducen la necesidad de recambios en las pacientes y resultan especialmente relevantes para adolescentes que eligen frecuentemente el implante como método anticonceptivo.
Otra novedad es la llegada a las farmacias del acetato de ulipristal (UPA), un anticonceptivo de emergencia con ventana de acción de hasta 120 horas posteriores a la relación sexual sin protección, superior al levonorgestrel tradicional. Este medicamento muestra mayor efectividad cercana a la ovulación y mejor rendimiento en personas con sobrepeso u obesidad.
El reverso: embarazos no intencionales e ITS en alza
Los datos de cobertura anticonceptiva no son alentadores. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, casi la mitad de los embarazos mundiales no son intencionales. En Argentina, aunque no hay estadísticas oficiales consolidadas, investigaciones indican que esta cifra alcanza el 70% en adolescentes.
Más preocupante aún: el Boletín Epidemiológico Nacional registró más de 55.000 casos de sífilis en 2025, un aumento cercano al 71% respecto a años anteriores. El incremento sostenido de infecciones de transmisión sexual coincide con una baja en el uso del preservativo, el único método que protege contra ambas variables: embarazo no intencional e ITS.




