Desde hace meses, el presidente Javier Milei ha intensificado sus ataques contra periodistas y medios, calificándolos de "mentirosos", "desinformadores" o "golpistas". Milei sostiene que se trata de respuestas a críticas de la prensa contra su gestión, pero organizaciones de derechos humanos cuestionan esta justificación.
Para Amnistía Internacional Argentina, estos insultos responden a un patrón documentado que va más allá del "estilo presidencial". "No es una cuestión de modales, sino una condición de la democracia", señaló Mariela Belski, directora ejecutiva de la organización.
Cuando el presidente insulta de manera sistemática, envía un mensaje que trasciende al periodista atacado. "Va hacia toda la profesión periodística y genera la idea de que preguntar tiene costo", explicó Belski. Esto es lo que los estándares internacionales llaman discurso estigmatizante desde el poder.
Los números reflejan la magnitud. Chequeado contabilizó más de 1.000 descalificaciones y ataques en discursos, entrevistas y redes sociales durante los primeros 14 meses de gestión de Milei. El Observatorio de la Palabra Democrática registró 216 agresiones solo en 2025, mientras que el diario La Nación recopiló unos 300 mensajes con insultos.
Para Amnistía Internacional, la restricción sistemática del acceso a la información es un problema de derechos humanos. La libertad de prensa no solo protege a los periodistas: permite que la sociedad acceda a la información necesaria para tomar decisiones informadas en una democracia.




