El Águila Mora es una de las aves más impresionantes que surcan los cielos de Neuquén. Con una envergadura alar cercana a los dos metros y un peso que ronda los dos kilogramos, este depredador domina estepas, bardas y matorrales de toda la provincia.
Se trata de una especie exclusiva de América del Sur, distribuida desde Venezuela hasta Tierra del Fuego. En Neuquén encuentra las condiciones ideales para vivir y reproducirse. Los ejemplares adultos se reconocen por su espalda y pecho gris plomizo —que forma un curioso "babero"—, garganta y vientre blancos, y esos ojos amarillos intensos que delatan su aguda visión de cazadora.
Un dato sorprendente: las hembras son notablemente más grandes que los machos. Mientras ellos alcanzan 60 centímetros de largo, ellas pueden llegar a 70. Este fenómeno se llama dimorfismo sexual.
Como toda rapaz, se alimenta de pequeños mamíferos —conejos y roedores— y aves medianas. Desde el aire detecta a sus presas gracias a su extraordinaria vista, antes de lanzarse en un picada veloz.
Parejas de por vida. Uno de los comportamientos más notables del Águila Mora es que forma parejas estables que duran toda la vida. A partir de septiembre comienza la temporada reproductiva: ambos integrantes construyen enormes nidos con ramas, pastos, pelos y plumas en barrancas, acantilados o árboles de difícil acceso. La hembra pone hasta tres huevos, que incuban durante un mes. Los pichones reciben alimento y protección de ambos padres hasta aprender a volar y cazar por sí solos.
El Centro de Ecología Aplicada del Neuquén promueve estos contenidos sobre la fauna provincial para fortalecer el vínculo entre las personas y la biodiversidad local, promoviendo su conservación y el uso responsable de los recursos naturales.




