La Dirección General de Aduanas atraviesa un momento crítico. Su titular, José Velis, solicitó licencia por cuestiones personales hace poco más de dos semanas, pero adentro del organismo hablan de renuncias que no se aceptaron y de una institución sin brújula clara.
El funcionario ofreció dejar el cargo a fines de agosto, pero según fuentes internas, la renuncia no fue aceptada porque "no hay otro capaz de asumir". Desde los pasillos de la Aduana advierten que Velis se irá una vez que desde arriba designen a su reemplazo, preferentemente alguien de la casa que conozca bien cómo funciona un sector tan complejo.
Mientras tanto, el costo es alto. La falta de conducción sólida está facilitando que el contrabando crezca sin freno. Según un sondeo interno de la Unión Industrial Argentina, 6 de cada 10 empresas reportan que la competencia desleal tiene impacto alto o muy alto en sus negocios. La cifra aumentó 5 puntos porcentuales respecto a hace un año.
Las consecuencias son concretas: las industrias nacionales ven caer sus ventas en un 48% de los casos, pierden rentabilidad y enfrentan una presión constante para reducir precios. El sector textil está particularmente golpeado: el 84,6% de las compañías textiles y el 76,2% de confecciones, cuero y calzado dicen sufrir mucho por esta situación.
El escenario se complica por otros problemas que Aduanas no logra controlar: productos que ingresan sin las certificaciones obligatorias, falta de trazabilidad, y comercialización sin factura ni registro. Todo apunta a una institución desfinanciada, con empleados mal pagos y sin la conducción que necesita para cumplir sus funciones.




