La producción de acero crudo marcó un repunte en julio: subió 15,3% respecto al mismo mes del año anterior, según reportó la Cámara de la Industria del Acero. Mes a mes el avance fue más modesto, del 9%, pero el acumulado de los primeros siete meses del año suma un crecimiento del 10,7%.
Sin embargo, el optimismo tiene límites. Los laminados en caliente apenas crecieron 15% interanual, y la producción de laminados (planos y no planos) acumula una caída del 3,2% en lo que va del año. La diferencia se explica por una razón clave: la mayor parte del acero crudo se exporta como semielaborado, no como producto terminado para el consumo local.
El verdadero freno está en la debilidad del mercado interno. Construcción, automotriz y línea blanca permanecen deprimidos. En julio, la producción de vehículos cayó 16% respecto a hace un año, y el cemento se desplomó 8,2% interanual, con una contracción acumulada del 3,6% en lo que va de 2024.
La presión de importaciones chinas no cesa. Productos de bajo precio provenientes de China inundan todos los segmentos de la cadena de valor, alimentados por la sobrecapacidad productiva de ese país. Esto causa demandas de dumping en casi todos los mercados globales y agrava la caída del consumo local.
El único rayo de esperanza es la energía. Vaca Muerta sostiene una fuerte demanda de tubos sin costura y aceros especiales. El sector proyecta superar las 28.000 etapas de fractura para 2026, lo que mantiene expectativas positivas para la industria siderúrgica en el corto plazo.




