La violencia vicaria vuelve a estar en el debate parlamentario. Se trata de aquella ejercida por un agresor que usa a los hijos e hijas como arma para dañar a la mujer. Hoy no tiene tipificación específica en el Código Penal, pero varios proyectos buscan cambiar eso en Diputados.
El tema cobró urgencia tras el primer aniversario del asesinato de Joaquín Ruffo, el niño de ocho años que su padre mató en agosto de 2023. Alejandro Ruffo confesó que lo hizo para "mandarle un mensaje" a la madre del chico, Natalia Ciak, luego de que ella le comunicara su decisión de divorciarse. Meses después, el hombre se quitó la vida en la cárcel.
Organizaciones de derechos humanos movilizaron en distintas ciudades del país para reclamar la aprobación de la "Ley Joaquín". Desde el Frente Nacional contra la Violencia Vicaria Argentina alertan sobre un patrón que se repite: "madres desesperadas" e "infancias separadas de sus figuras de apego" por decisiones que muchas veces no escuchan la voz de los niños ni consideran su sufrimiento.
"Creíamos que eran casos aislados, pero los mensajes siguieron llegando desde cada rincón del país", aseguraron desde la organización. "Detrás de cada punto del mapa hay una historia real".
Las cifras disponibles no capturan el fenómeno completo. La Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema registró durante 2025 un total de 4.207 situaciones que afectaron a niños, niñas y adolescentes. En el 81% de los casos, el vínculo con los denunciados era filial —es decir, relación de padres e hijos—, pero estos datos no constituyen un registro específico de violencia vicaria.
El mismo informe detalló que 87 menores fueron identificados como "sujetos activos de violencia" en presentaciones ante ese organismo (0,84% del total de denunciados). Casi tres cuartas partes fueron adolescentes varones de entre 13 y 17 años.




