El presidente estadounidense Donald Trump anunció que parte del crudo venezolano llegará para recomponer las reservas estratégicas de petróleo del país, que se encuentran en su nivel más bajo en más de 40 años.
A través de su red social Truth Social, Trump describió el petróleo venezolano como "un regalo de Venezuela para el pueblo de Estados Unidos" y adelantó que el proceso de recomposición de las reservas comenzará "muy pronto". Sin embargo, aún no está claro cuándo el crudo ingresará efectivamente al sistema estadounidense ni qué volumen estará disponible en el corto plazo.
El anuncio se produjo después de que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, revelara detalles del acuerdo energético entre Washington y Caracas. El convenio tendrá una vigencia de 25 años, contempla el desarrollo de 17 campos estratégicos y apunta a una producción superior a 1,5 millones de barriles diarios.
De acuerdo con Rodríguez, el acuerdo generaría ingresos de aproximadamente 210.000 millones de dólares para el Estado venezolano a partir de una inversión destinada a recuperar la industria petrolera, que se ha deteriorado significativamente en los últimos años.
Estados Unidos controlará, según los términos del acuerdo, una quinta parte de las reservas probadas de crudo de Venezuela. El acuerdo apunta a desarrollar alrededor de 65.000 millones de barriles.
La mandataria aseguró que Venezuela conservará la propiedad y la soberanía sobre sus recursos naturales, aunque el anuncio generó críticas debido a que empresas estadounidenses tendrán un papel mayoritario en la explotación de parte de las reservas venezolanas.
En agosto pasado, la Reserva Estratégica de Petróleo estadounidense rondaba los 290 millones de barriles, cercana a su nivel más bajo en más de cuatro décadas, representando alrededor del 40% de su capacidad máxima.
El entendimiento marca un nuevo acercamiento entre Washington y Caracas después de años de enfrentamiento político y económico, situando al petróleo como eje central de la nueva relación bilateral. Ambas naciones buscan además atraer inversiones para recuperar la producción petrolera venezolana, aunque la industria requiere importantes obras de infraestructura y capital para aumentar significativamente su capacidad de extracción.




