Un fuerte sistema frontal mantiene en estado de emergencia a las regiones de Atacama y Coquimbo en el norte de Chile. El gobierno confirmó el martes que la tormenta dejó 10 personas fallecidas, otras 4 desaparecidas y más de 2.200 damnificados desde que el fenómeno comenzó hace una semana.
Máximo Pavez, subsecretario del Interior, y Alicia Cebrián, directora del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, entregaron cifras que muestran la magnitud del desastre: 16 personas lesionadas y casi 105 mil habitantes aislados sin acceso a servicios básicos.
El daño a la vivienda es masivo. Se reportan 81 casas destruidas completamente, casi 2.700 con daños mayores y cerca de 19 mil con desperfectos menores. Otros 1.771 inmuebles aún están en evaluación.
El presidente José Antonio Kast declaró el estado de catástrofe en Coquimbo y la Provincia de Huasco el lunes, una medida que permite el despliegue de militares y acelera la distribución de ayuda. En Coquimbo, donde llueve poco naturalmente, el ejército tuvo que rescatar personas desde los techos de sus casas con helicópteros, mientras usaba tractores en áreas rurales para sacar gente de las inundaciones.
El gobernador de Coquimbo, Cristóbal Juliá, afirmó que aunque hubo lluvias extremas en 1997, "nunca" vivieron un evento de esta magnitud. Barrios enteros quedaron bajo el agua y el barro, con familias que perdieron sus hogares y pertenencias.
La energía también fue afectada: entre el lunes y martes bajaron de casi 129 mil a casi 119 mil los clientes sin luz. Las escuelas permanecieron cerradas en Valparaíso continental el martes, mientras meteorología mantiene alerta por precipitaciones intensas en Huasco.



