La deuda argentina se encarece. Este martes el indicador de JP Morgan que mide cuánto cuesta para el país pedir dinero prestado llegó a 511 puntos básicos, un salto de 4,5% respecto al lunes y el nivel más adverso desde finales de mayo.
En apenas dos semanas, el riesgo país escaló 18,8% en agosto. La onda expansiva golpeó también las acciones argentinas en el exterior, que se hundieron hasta 5%.
Argentina ahora tiene el peor indicador de riesgo en América Latina —sin contar a Venezuela—. Ecuador los sigue con 422 puntos, Bolivia con 407. Uruguay es el contracara: apenas 68 puntos. La brecha es descomunal: el riesgo argentino es más del doble que el de Ecuador o Bolivia, casi 4 veces el de Brasil, y 6 veces el de Uruguay.
El panorama fiscal agrava el cuadro. Con 80,3% de la deuda respecto al PBI, Argentina está entre los más endeudados de la región. Solo Brasil (93,3%) y Bolivia (84,8%) pesan más. Sus reservas internacionales, en tanto, son las más escasas: apenas 7,8% del producto, muy por debajo de vecinos como Uruguay (22,3%) o Chile (18%).
Los analistas señalan dos frentes de presión. Afuera, hay tensión geopolítica y volatilidad en los mercados globales. Adentro, la cercanía de las elecciones amplifica la incertidumbre. A eso se suma la desconfianza sobre la velocidad con que Argentina recuperará acceso al financiamiento internacional.
El Banco Central compró dólares por 13.500 millones en lo que va del año, aunque las reservas netas siguen prácticamente en cero, según inversores. Los indicadores de confianza en el Gobierno cayeron en el último mes, y las encuestas tampoco ayudan al panorama político.




