Hace 150 millones de años, cuando la cordillera de los Andes aún no existía, una parte importante del territorio neuquino estaba sumergida bajo las aguas de un antiguo océano. En esas profundidades habitaban reptiles marinos adaptados completamente a la vida acuática, que dejaron su huella en la historia geológica de la Patagonia.
El Catutosaurus gaspariniae es uno de esos ictiosaurios cuyos restos fueron descubiertos en la zona de Los Catutos y hoy forma parte del patrimonio del Museo Provincial de Ciencias Naturales Juan A. Olsacher, en Zapala. Su nombre combina el lugar del hallazgo con el de Zulma Gasparini, investigadora argentina que fue pionera en el estudio de los reptiles marinos de la región.
Los fósiles recuperados pertenecen a la Formación Vaca Muerta y permitieron a los científicos identificar esta especie como nueva para la ciencia. Su relevancia está en lo que cuenta: durante el Jurásico Superior, los ecosistemas marinos de la Patagonia fueron mucho más ricos de lo que se creía, y los ictiosaurios jugaban un papel central en esos ambientes desaparecidos.
El Museo Olsacher, inaugurado oficialmente en 1969, comenzó como una pequeña colección de rocas y minerales en las antiguas instalaciones de la Dirección Nacional de Geología y Minería. Con el paso de las décadas acumuló miles de piezas paleontológicas y mineralógicas, resultado de investigaciones, trabajos de campo, donaciones e intercambios con otros centros científicos.
Hoy depende de la Dirección Provincial de Minería y es un espacio dedicado a la conservación y estudio del patrimonio geológico de Neuquén. Sus colecciones incluyen restos de dinosaurios, otros reptiles marinos fósiles, minerales y rocas que permiten reconstruir diferentes épocas de la historia natural provincial.
Ubicado en la intersección de Ejército Argentino y Etcheluz, el museo recibe estudiantes, familias y turistas que buscan entender cómo era esta región millones de años atrás, antes de ser lo que conocemos hoy.




