La cifra de víctimas fatales en Nepal sigue en aumento. Ya son 1.118 los fallecidos por la avalancha de lodo que arrasó el país hace poco más de una semana, mientras que 4.858 personas permanecen desaparecidas, según información de la Policía nepalí.
El desastre ocurrió el 26 de agosto en el valle del río Trishuli, una región montañosa cerca de la frontera con China, tras inundaciones masivas que devastaron comunidades enteras. Equipos de rescate internacionales apenas comienzan a acceder a las zonas más afectadas, como el distrito de Rasuwa.
Más de 10.000 personas fueron rescatadas hasta ahora, entre ellas 252 extranjeros. En las operaciones de búsqueda y asistencia participan más de 20.800 efectivos de seguridad nepalíes.
La situación humanitaria es grave. La Organización de las Naciones Unidas alertó que conforme acceden a las zonas damnificadas, las necesidades crecen: cerca de 65.000 personas requieren ayuda urgente en agua y saneamiento, más de 22.000 niños necesitan protección psicosocial, y unos 2.600 menores de cinco años podrían sufrir desnutrición severa.
Las autoridades nepalíes comenzaron entierros masivos sin identificación previa de los restos, por razones sanitarias. Sin embargo, toman muestras de ADN en cada entierro para permitir que las familias exhumen y realicen los ritos funerarios una vez identificados formalmente los cuerpos.
La amenaza no ha cesado: cursos de agua represados y riesgo inminente de nuevos deslizamientos mantienen la región en alerta.




