Rattin

La muerte de Antonio Rattin, ocurrida este sábado a los 89 años, dejó al fútbol argentino sin una de sus figuras más emblemáticas. Ídolo de Boca Juniors y referente de la Selección Argentina, el histórico mediocampista construyó una carrera inolvidable defendiendo únicamente esas dos camisetas.

En su homenaje, publico esta entrevista que le realicé en 2019, la única vez que pude verlo y hablar con él, en la que el "Rata" repasó su trayectoria, recordó momentos inolvidables de su infancia y dejó su mirada sobre el fútbol y la pasión por el club de la Ribera.

Entrevista a Antonio Rattin en 2019

Es difícil hablar de Antonio Ubaldo Rattin sin recorrer su carrera como futbolista. Ídolo y capitán de Boca, hincha ferviente, el hombre que se sentó en la alfombra real en el Mundial de Inglaterra ‘66, la clase de jugador que cada vez se ve menos, dejó todo adentro y afuera de la cancha. Pero por sobre todas las cosas “un gran tipo”, como lo describió Omar Larrosa, campeón del mundo con Argentina en 1978.

A sus 82 años el “Rata” sigue visitando el club y La Bombonera los días de partido. Está orgulloso de ser socio vitalicio: “Debo ser el único jugador con este carnet, uno de los pocos seguro”. Pero no es el único momento que se lo puede ver por los pasillos internos del Estadio, de hecho ahí me citó para tener la entrevista. “Siempre pasé más tiempo acá en el club que en mi casa, no lo puedo evitar. Acá siempre me abren las puertas y me reciben de la mejor manera, puedo ir a la mutual, al café, hasta a presidencia”.

De una forma u otra, Rattin siempre estuvo ligado a Boca. Como jugador, como técnico, después como coordinador, donde “iba a cobrar la plata que era del club donde correspondía y luego rendía cuentas”, como embajador de la institución y, finalmente, con la creación de una mutual para ex jugadores. “Yo fui quien arregló con Mauricio (Macri) lo que ganan los jugadores en la mutual. Es una especie de subsidio que se les da a los jugadores que están mal económicamente previo inspección y chequeo que se realiza. El club pone un 1% de los ingresos mensuales y lo mismo pagan los jugadores del plantel actual. Estoy muy orgulloso de este triunfo”. 

Aunque ya no sigue en la mutual,  todavía vende seguros hace más de treinta años. “Me mantiene activo y además me da unos manguitos extra. Voy una o dos horitas a la oficina”, cuenta. Es inquieto y le gusta siempre estar en movimiento, pero su cuerpo no va a la velocidad de su mente que sigue totalmente lúcida. Una de las cosas que extraña es remar: “Remaba todo el tiempo de pibe, me encantaba, era mi pasión. Mi primer cuadro de Boca me lo gané remando. Mientras vivía en una isla del Delta de Tigre cuando tenía unos 10 años un hombre se acercó y me dijo que si le hacía la mudanza me regalaba este cuadro, era hermoso. Vino con una canoa grande y entró a cargar los muebles, era un viaje de 7 u 8 km y lo hice sólo. El cuadro de Boca valía el esfuerzo”.

En el momento de hablar sobre su infancia, Rattin reflexiona sobre lo que le tocó luchar para llegar a lo que es hoy y se emociona. Admira mucho a su padre y le duele que nunca haya aceptado que eligiera ser jugador de fútbol. “Para que te des una idea de cómo era en casa, mi papá se murió pensando que el fútbol era para vagos y que tenía que estudiar. Jamás fue a verme jugar, en cambio mi mamá fue 2 o 3 veces. Las que más me apoyaron siempre fueron mis hermanas, que son más grandes que yo, eran de River y cuando empecé a jugar en Boca se cambiaron de equipo por mí”.

Rattin dice que uno de los momentos más felices de su vida fue cuando inauguraron su estatua en la galería de Boca y la pusieron al lado de “Rojitas” a pedido suyo: “Podía estar al lado de Román (Riquelme) o Maradona, pero yo quería al lado de ‘Rojitas’, fíjate vos”. 

Este reconocimiento a su trayectoria fue un gran honor para él y lo cuenta casi entre lágrimas ¿Por qué se conmovió tanto? Hay una anécdota que él mismo cuenta que explica un poco su forma de ser. “En el ’62 nos enfrentamos al mítico santos de Pelé. Perdimos 3-2 en la ida y yo tenía la solución para ganarles de local. Le dije a (Adolfo) Pedernera durante la charla técnica que me sacrificaba, me peleaba con Pelé y nos echaban a los dos. Boca sin mí podía jugar pero ellos sin él no. El técnico se enojó con mi propuesta y perdimos 2-1. Yo sigo pensando que con mi estrategia les ganábamos”, recuerda. Premio al jugador que dejó todo adentro y afuera de la cancha.

Antonio Rattin, leyenda de Boca y la Selección Argentina

Antes de convertirse en gloria de Boca y la Selección Argentina, vivió una infancia complicada en una de las islas del Tigre sin luz, gas ni siquiera un baño. Remaba todo el día entregando la ropa que su madre lavaba y planchaba para ganar algún peso más. 

¿Cómo te iniciaste en el fútbol y cómo lo tomó tu familia sabiendo que en ese momento no era una fuente de trabajo?

Para contestarte cómo se vivió la situación en casa te cuento que mi papá nunca me fue a ver a la cancha y se murió pensando que el fútbol era para vagos y yo tenía que laburar. Tengo dos hermanas más grandes que eran hinchas de River y cuando empecé a jugar en Boca se dieron vuelta y me apoyaron.

Pero antes de eso jugaste un campeonato con Tigre.

Yo desde los cuatro o cinco años que tengo uso de razón que soy hincha de Boca. Me probé en Racing y no quedé, que estaban completos. En ese momento jugaba los juegos juveniles Juan Domingo Perón y me llamaron de Tigre. Me dieron traje, camisa, corbata y zapatos para que me quedara con ellos pero yo no quería jugar en otro club que no sea Boca. De todas maneras me quedé y estuve en dos o tres partidos en la quinta división pero me cambiaba el apellido, me ponía Pérez o Fernández porque como no firmé con Tigre me prestaban los documentos de otros compañeros para que pueda estar en esos encuentros.

Y Chacarita también te hizo una oferta ¿No es así?

Apareció Ernesto Duchini, gloria de Chacarita, que me vio jugar en los campeonatos juveniles también y me dijo que me daba dos opciones: Una bicicleta nueva o cinco mil pesos. Pero le dije que lo tenía que pensar.

¿Y ahí te llamaron de Boca?

 Un domingo a la mañana me llamó un exjugador del club que dirigía las inferiores, Bernardo Gandulla, y me invitó a que vaya con ellos, que sabía que tenía varias ofertas pero que él iba a responder por mí y que iba a triunfar con la camiseta de Boca. Imaginate que no lo pensé dos veces, era el sueño de mi vida.

Y en tu primer partido con la azul y oro pasó algo particular con los botines ¿No?

Era un amistoso contra Lanús. Calzo 45 y el utilero no tenía botines tan grandes. No tenía plata para comprármelos así que les dije que se arreglen, entonces fueron a hablar con el árbitro y como no era un encuentro oficial me permitió jugar con otro calzado. Entonces mi primer partido en Boca lo jugué con zapatillas de básquet.

En la primera te tocó debutar nada más ni nada menos que contra River.

Cambió todo de golpe en siete días. Hacía más de seis meses que había pasado de quinta a tercera y el fin de semana anterior había jugado con ellos como era normal. Entonces el lunes me llamaron del primer equipo y entrené esa semana con el equipo. El domingo me convocaron y me dijeron que iba a jugar de titular, no lo podía creer. Ese River era un equipazo, jugaban Sívori, Labruna, Amadeo Carrizo, mi ídolo “Pipo” Rossi, todos jugadorazos. Yo tenía 19 años solamente, estaba muy asustado.

Toda una peculiaridad que siendo tan fanático de Boca tu ídolo sea un jugador de River.

En realidad tenía dos ídolos y ambos eran de River. Pipo como te dije, que jugaba en mi posición en su club y en la selección. Siempre intenté imitarlo en todo lo que podía. Y el otro era Adolfo Pedernera quien me dirigió y fue el mejor técnico que tuve.

Jugar un superclásico ¿Siempre significó lo mismo o no se pueden comparar los de antes con los de ahora?

No son iguales, ahora hay muchas presiones exteriores que afectan a todos los involucrados. Antes creo que se disfrutaba más porque era un duelo sano, una rivalidad entre equipos pero sólo quedaba en eso. Por eso era tan lindo. En ese primer clásico recuerdo que apenas empezó le entré con todo a Ángel Labruna y él me dijo: “Pibe, jugá tranquilo que no va a ser tu último partido en primera”. Y tenía razón, jugué casi 15 años más.

¿Nunca estuviste tentado por una oferta para irte a jugar a otro lado?

No me interesó, soy hincha de Boca y sólo quería jugar acá. Después también representé a la selección que es lo más grande que le puede pasar a un jugador así que estoy más que conforme con mi carrera.

En 1962 cuando Boca salió campeón gracias al polémico penal que atajó Antonio Roma ¿Cómo lo viviste vos que además eras el capitán de tu equipo y tu primer título?

Cuando Roma le tapó el penal a Delem (delantero de River) todos se fueron encima del árbitro, Carlos Nai Foino, y le protestaban que Antonio se había adelantado mucho, que se tenía que patear de nuevo. Entonces me le acerqué y lo acompañé hasta el círculo central y en el camino me dice “Rata, cuando a un jugador le atajan un penal está mal pateado así que no tiene ningún derecho a reclamar”. Así pasó la historia y yo concuerdo con él. Nosotros hicimos méritos todo el año para ganar y fuimos justos campeones.

Ese mismo año jugaron en la Copa Libertadores contra el mítico Santos de Pelé y vos creías tener la fórmula para frenar al crack brasileño.

En Brasil perdimos 3-2 y cuando teníamos que definir la serie en La Bombonera le propuse a Pedernera cuando hacía la charla técnica antes de salir a jugar que me peleaba con Pelé y nos echaban a los dos, Boca sin mí podía jugar pero ellos sin él no. Adolfo que me quería un montón se enojó, no podía creer lo que había pensado. Perdimos 2-1 y quedamos afuera, yo sigo pensando que hubiera funcionado mi estrategia.

¿Qué pasó en el Mundial ’66 cuando perdieron con Inglaterra?

En ese torneo teníamos un gran equipo, para salir campeón. Jugaron 16 equipos y nosotros entramos quintos. Los cruces eran Alemania-Uruguay y Argentina-Inglaterra, con la casualidad de que en el sorteo de árbitros tocó un alemán para nuestro partido y un inglés para el otro, justamente los finalistas del mundial. En nuestro encuentro el alemán estaba cobrando todo para los ingleses y como no nos podíamos comunicar por el idioma le pedí un intérprete y al ser capitán le mostraba el brazalete, pero él entendió que lo estaba agrediendo y me echó.

Y no tuviste mejor idea que sentarte en la alfombra del palco de la Reina.

Lo que pasa es que yo no sabía qué era eso. Me senté como diez minutos para ver el partido y me corrieron de ahí, entonces me fui caminando por el costado de la cancha. El estadio estaba lleno de ingleses que me tiraban chocolates aireados, que era la novedad para nosotros. Yo les tiraba alguno de vuelta a la tribuna, me comía otro y así hasta que llegué al banderín de córner y me limpié las manos con él. Lo que no pensé en ese momento fue que los banderines tenían la bandera inglesa y yo los insulté. Ahí me empezaron a tirar con latas de cerveza.

Si se quiere el lado positivo es que gracias a lo que pasó nacieron las tarjetas amarillas y rojas en el fútbol.

Para el Mundial de México ’70 que ganó Brasil se juntaron los árbitros con los dirigentes de la FIFA y tomaron precauciones para que no pase lo que pasó conmigo en Wembley. También fue muy importante la transmisión en directo de los partidos para que esas cosas dejen de pasar, porque sin satélite nadie sabía lo que pasaba a excepción de los que estaban en la cancha.

Ya que hablamos de 1970 me imagino que fue un año importante para vos ya que decidiste colgar los botines ¿No?

Pasaron varias cosas. Primero no clasificamos con la selección al mundial y en 1969, cuando Boca salió campeón de la mano de Alfredo Di Stéfano, en un entrenamiento me rompí el recto anterior y me perdí la última parte del torneo. En el ’70 venía jugando poco y fue en un partido contra Banfield en La Bombonera que decidí terminar mi carrera. Llegamos al vestuario en el entre tiempo y me quedé daba cuenta que mis compañeros no me la pasaban porque se ve que ya no confiaban en mí, entonces hablé con el técnico de ese momento, alguien con quien había jugado hacía unos años, José Silvero. Le dije que no podía seguir así y me fui a mi casa, escuché el segundo tiempo en la radio de mi auto. Boca ya no me necesitaba, incluso se consagraron con el título ese mismo año.  

¿Qué significó la camiseta de Boca en tu vida?

Fue todo para mí. Podrán decir que el “Rata” alguna vez no rindió, puede ser, nunca fui un jugador brillante, pero jamás podrán decir que no dejé todo por el club. Empecé mi carrera, me quedé y me retiré en Boca y nunca quise otra cosa.

En 2012 te nombraron embajador del club y te hicieron una estatua junto a la de ídolos como Maradona y Riquelme ¿Qué sensación te genera este acto?

Me da una felicidad tremenda, imaginate. Pero lo que más me llena es seguir participando de la vida del club. Empecé con la mutual de exjugadores del club cuando estaba Mauricio Macri como presidente y les brindamos ayuda a los jugadores con una mala situación económica. El club sacrifica el 1% de sus ingresos mensuales y el plantel actual lo mismo. Somos el único club en el país y me animaría a decir en el mundo que lo hace y por eso estoy muy orgulloso.



Alejo Villagra

Periodista

Periodista deportivo. Periodista al fin. Hice escuela en TeayDeporta y la Universidad de Palermo. Máster en la Universidad Torcuato Di Tella junto al Diario LA NACION. Co-creador de Noticiás Chocón

AUTHOR

Alejo Villagra

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Periodista deportivo. Periodista al fin. Hice escuela en TeayDeporta y la Universidad de Palermo. Máster en la Universidad Torcuato Di Tella junto al Diario LA NACION. Co-creador de Noticiás Chocón

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