La recuperación económica que atraviesa el país muestra un lado oculto: mientras sectores como el agro y la energía repuntan, la situación financiera de los hogares se deteriora aceleradamente. La morosidad de créditos a familias pasó de poco más del 3% hace un año a casi 12,75%, un aumento que dispara alertas sobre la capacidad de pago real de los argentinos.
El análisis surge del economista Carlos Pérez, exdirector del Banco Central, quien advierte que el problema va más allá del endeudamiento. La estructura del mercado laboral está cambiando de forma preocupante: hay menos empleos registrados y más monotributistas, autónomos e informales. Los salarios reales, mientras tanto, siguen bajo presión.
El panorama de dos velocidades es claro. Sectores como agricultura, minería y energía concentran el dinamismo y representan menos del 20% del Producto Interno Bruto. En cambio, el comercio, la construcción y la industria —que emplean a mucha más gente y mueven el consumo cotidiano— siguen rezagados.
La desinflación se presenta como un respiro posible. Durante el segundo trimestre bajó respecto al primero, aunque lentamente. Pero para que eso ayude de verdad, la mejora de ingresos debe acompañarse con una recuperación más amplia de toda la economía, no solo la de unos pocos sectores privilegiados.




