Por primera vez en año y medio, los atrasos en créditos personales y tarjetas de crédito dejaron de crecer. En junio, la tasa de morosidad se ubicó en 12,8%, una baja mínima de 0,1 puntos respecto de mayo, según datos del Banco Central.
Aunque el retroceso es marginal, marca un quiebre en la tendencia que venía al alza desde noviembre de 2024. Las familias son las más afectadas: en este segmento, la mora alcanzó 12,77%, con una ligera caída desde el 12,79% de mayo.
El comportamiento desigual varía según el tipo de crédito. La mora bajó en tarjetas de crédito, pero aumentó en préstamos personales y prendarios. En créditos hipotecarios no hubo cambios significativos.
¿Qué explica la mejora? El Banco Central señala dos factores principales. Primero, los bancos aceleró el envío de deudores incobrables fuera de balance, es decir que vendieron carteras consideradas irrecuperables. Segundo, creció la cantidad de créditos vigentes, lo que reduce el porcentaje de mora al calcularse sobre un denominador mayor.
Sin embargo, la realidad en algunos segmentos sigue siendo crítica: préstamos personales y prendarios a familias empeoraron, reflejando las dificultades del consumo en la economía.
En el sector empresarial, la morosidad se ubicó en 3,5% en junio. La construcción, el comercio y la industria experimentaron deterioro, mientras que la producción primaria mostró una ligera disminución.




