La migraña no es un simple dolor de cabeza. Se trata de un episodio intenso que aparece típicamente entre los 20 y 40 años, caracterizado por un dolor pulsante que suele afectar un solo lado de la cabeza y puede durar desde horas hasta tres días.
Uno de los datos más llamativos es la diferencia de género: tres de cada cuatro personas que padecen migraña son mujeres. Según especialistas del Hospital de Clínicas, las hormonas juegan un rol decisivo. El ciclo menstrual, el embarazo, la menopausia e incluso los anticonceptivos pueden despertar o intensificar las crisis.
Cómo reconocer una migraña:
Más allá del dolor de cabeza intenso, la migraña viene acompañada frecuentemente de náuseas, vómitos y sensibilidad extrema a la luz y los ruidos. En algunos casos, horas antes del dolor aparece un fenómeno conocido como "aura": ver luces extrañas, sentir hormigueos en el cuerpo o tener dificultades para hablar.
Cuándo es urgente consultar a un neurólogo:
Se recomienda buscar atención especializada cuando el dolor es súbito y severo, cuando siempre afecta el mismo lado de la cabeza, cuando está precedido por trastornos visuales o hormigueos, o cuando interfiere con las actividades diarias. Si los dolores superan cinco veces por mes, es momento de consultar para acceder a tratamientos preventivos.
Cuidado con los analgésicos:
Es tentador recurrir a pastillas de venta libre, pero tomarlas más de 10 días al mes puede empeorar el problema en lugar de resolverlo. Un neurólogo puede indicar medicamentos específicos que actúan sobre la raíz del problema, evitando la dependencia.
Factores que disparan la migraña:
Cambios bruscos de temperatura, luces muy brillantes, ruidos fuertes y olores intensos son los "disparadores" más comunes. El ayuno prolongado y los horarios irregulares de comida también influyen.
Prevención:
Realizar actividad física aeróbica como caminar, trotar o andar en bici al menos cuatro veces por semana durante 40 minutos ayuda a reducir la frecuencia de los episodios. Mantener horarios regulares de alimentación, evitar exposiciones prolongadas a temperaturas extremas y llevar un calendario de síntomas (anotando cuándo duele, cuánto dura y qué se comió o hizo antes) permite identificar patrones personales y anticiparse.




