En México, la música se transformó en una herramienta concreta para ofrecerle a niños y jóvenes una salida a entornos marcados por la violencia. A través de programas de formación musical, miles de menores encuentran espacios donde aprenden disciplina, respeto y trabajo en equipo.
La Orquesta Sinfónica Infantil de México (OSIM) lleva 24 años funcionando como una de las principales plataformas de este tipo en el país. Jóvenes de todas las regiones participan en convocatorias públicas y audiciones para ingresar, y si califican, reciben una beca integral que cubre hospedaje, alimentación y transporte durante todo el proceso de formación.
Según Roberto Rentería, director de la OSIM, el programa ha permitido que cientos de menores se dediquen hoy a la música de manera profesional. "El quehacer musical se ha convertido en una herramienta no solo de comunicación, sino de transformación del propio entorno, de la propia familia", señaló.
Lo que hace única a la experiencia es el énfasis en valores compartidos. Los jóvenes provienen de distintas zonas del país, muchos de contextos con problemáticas sociales severas, y durante el campamento desarrollan vínculos a través de la música. "Aprenden a trabajar en equipo, el significado del respeto, de la escucha", explicó Rentería.
Hasta ahora, la OSIM ha realizado más de 200 presentaciones en plazas y recintos públicos de todo México, llegando a ciudades y comunidades con rezagos culturales donde, según Rentería, es vital ofrecer espacios de expresión artística como alternativa frente a la violencia.




