Un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica reveló que el 46% de los hogares con adultos mayores no tiene ingresos suficientes para cubrir gastos básicos, el peor registro desde 2017.
La situación se agravó cinco puntos porcentuales en apenas dos años. Cuando los números se dividen por nivel socioeconómico, la brecha se vuelve dramática: en los hogares más pobres, siete de cada diez personas mayores no llega a fin de mes.
El hambre también creció. La inseguridad alimentaria pasó de 12,3% hace seis años a 18,4% en la actualidad. En los sectores más vulnerables alcanza el 39,1%, mientras que en familias de clase media alta apenas toca el 1,1%. Eso significa que los jubilados pobres enfrentan un riesgo de pasar hambre más de 35 veces mayor que los de mejor posición económica.
Los datos muestran otras carencias críticas: el 35% de los mayores postergó o renunció a consultas médicas y medicinas por falta de dinero, cifra que trepa al 55% entre los más pobres. En paralelo, uno de cada cuatro hogares dejó de pagar servicios públicos por razones económicas, llegando a cuatro de cada diez en las familias más humildes.
A esto se suman déficits habitacionales que afectan a uno de cada dos adultos mayores del estrato más bajo: casi la mitad carece de acceso a agua, gas o saneamiento adecuado.
El panorama se completa con un dato que refleja la debilidad de la red de contención: solo el 26,8% de los hogares con mayores recibe algún programa de asistencia alimentaria o transferencia. Entre los hogares muy pobres, donde el 71% sufre insuficiencia de ingresos, únicamente el 42% accede a esos programas.




