En noviembre próximo, un nuevo Papa pisará suelo argentino. La noticia marca el fin de casi cuatro décadas sin visita de un Sumo Pontífice, un período que comienza a contar desde aquella semana intensa de abril de 1987 cuando Juan Pablo II recorrió el país en una de las giras más exigentes de su pontificado.
Karol Wojtyła llegó invitado por Raúl Alfonsín, en un momento de transición delicado para la democracia recién recuperada. El contexto político era tenso: apenas tres años antes, el Vaticano había mediado en el conflicto del Canal de Beagle; el Congreso debatía la Ley de Divorcio Vincular; y apenas tres días después de la despedida del Papa estallaría el levantamiento carapintada de Aldo Rico.
Lo que sucedió en esos seis días fue extraordinario. El pontífice recorrió diez ciudades, pronunció 26 discursos y movilizó a alrededor de cuatro millones de personas. En algunas jornadas cruzó cuatro provincias en menos de trece horas, casi sin parar.
El 6 de abril, a las 16, su avión aterrizó en el Aeroparque. Una vez en tierra, realizó el gesto que daría la vuelta al mundo: besó el suelo argentino. Lo recibía Alfonsín, quien lo llevó a la Casa Rosada y le obsequió un rosario de plata y rodocrosita. Desde el balcón histórico saludó a una Plaza de Mayo colmada.
La maratón que siguió lo llevó por Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario, además de actos en Luján y el cierre de la Jornada Mundial de la Juventud en la avenida 9 de Julio. Cada parada tenía un propósito pastoral diferente: habló al mundo rural en Bahía Blanca, rezó por la paz en Mendoza, recordó el rol histórico de Tucumán en la Independencia, y en Salta recibió el poncho rojo y negro que se convirtió en uno de los símbolos de esa visita.
Un detalle poco conocido: el Papamóvil utilizado fue construido especialmente en Argentina sobre el chasis de una pick-up Chevrolet C-30 perteneciente a un vendedor de sodas cordobés. La cabina blindada se adaptó según las exigencias de seguridad del Vaticano, pero conservó partes del motor y chasis originales.
Los discursos que pronunció marcaron la política y la sociedad de entonces. El mensaje no fue solo religioso: tocó temas políticos y sociales que resonaron en una Argentina recién salida de la dictadura, buscando nuevos caminos.




