La búsqueda de independencia habitacional se convirtió en un sueño cada vez más lejano para los jóvenes argentinos. Datos de la consultora Analytica muestran que solo el 23,3% de los menores de 30 años logra vivir de forma autónoma, mientras que 140.000 debieron abandonar sus proyectos de emancipación en el último tiempo.
El quiebre es brutal: hace poco más de tres años era posible sostener un alquiler sin comprometer toda la economía personal. Hoy, los gastos de vivienda y servicios se dispararon 637,9% desde noviembre de 2023, muy por encima de la inflación general. Para un joven que vive solo, estos rubros consumen el 26,6% de sus ingresos, mientras que en el resto de la población apenas representa el 13,5%.
Los testimonios grafican la realidad: Vanesa, de 27 años, pagaba alquiler y expensas en Caballito por más de 850.000 pesos mensuales. Se ajustó en comida, cambió carne por proteína vegetal, pero aun así fue insostenible. Ludmila, secretaria con 23 años, regresó a la casa de su madre en Almagro porque no llegaba ni a mitad de mes. Fernando, de Morón, tiene dos trabajos —administrativo en una escuela y docente de inglés— pero ambos sueldos juntos no alcanzan para un alquiler.
Fernando sintetiza el cambio de época: "Antes se ahorraba para acceder a un terreno, hoy se pide un préstamo para pagar el celular".
A la crisis habitacional se suma el desempleo juvenil: 15% entre menores de 30 años. Las inmobiliarias también lo notan. Los dueños de propiedades prefieren alquilar a parejas, porque es más riesgoso arrendarle a personas solas o grupos de amigos.
El resultado es una generación en pausa: más jóvenes viviendo con sus padres, postergando planes de vida y pidiendo préstamos para gastos básicos que sus progenitores daban por resueltos.




