Los parámetros que durante décadas permitieron clasificar el pensamiento político en "izquierda" y "derecha" han quedado obsoletos. Así lo plantea el analista político Jaime Durán Barba tras investigar elecciones en Brasil, México, Argentina, Colombia, Perú, Ecuador, Paraguay y Bolivia.
El hallazgo es contundente: cuando se les preguntó a los electores si preferían un presidente de izquierda o derecha, cerca del 80% mostró total indiferencia al tema. Lo que sí aparece con claridad es un rechazo masivo a los políticos, las instituciones, los medios y las élites en general.
El enemigo común no es una ideología, sino "lo viejo". Los nuevos líderes que avanzan en la región no vencen por sus ideas, sino porque representan algo distinto a la política tradicional. Comunican ruptura, aunque invoquen conceptos de izquierda un día y de derecha al siguiente.
Durán Barba atribuye este cambio a la transformación de cómo procesamos información. Mientras el libro moldeó nuestra mente con estructura lógica, el celular nos mantiene en un scroll infinito que busca captar atención a través de lo impredecible y espectacular. La oratoria y los conceptos perdieron batalla contra la comunicación viral.
En Colombia, el ejemplo es extremo: la clase política que gobernó durante dos siglos obtuvo apenas el 7% en las últimas elecciones. Abelardo de la Espriella, candidato sin carrera política convencional, ganó por estar en las antípodas de lo que la élites consideran "correcto".
La polarización regional ya no es ideológica. Es entre el espectáculo y el aburrimiento; entre el extremismo divertido y el orden que cansa. En ese nuevo mapa político, las viejas categorías no tienen brújula.




