Ivonne Pervanas llevó técnicas de pastelería francesa a Chos Malal, pero con un giro: usa productos neuquinos para crear sabores propios. Tras una década al frente de Don Costa Pastelería, la oriunda del norte provincial muestra cómo es posible fusionar tradición europea con identidad regional.
Su formación llegó en Madrid, en una escuela de pastelería francesa. Pero el verdadero aprendizaje comenzó después, cuando decidió volver a su tierra y traducir esas técnicas con los ingredientes que siempre la rodearon. El piñón —fruto de la araucaria y símbolo de la Patagonia neuquina— se convirtió en su principal aliado.
Un ejemplo de su trabajo es el cheesecake vasco que aprendió en España, pero reformulado con pasta de piñones. No es un capricho: es su método. Toma lo aprendido lejos y lo repiensa desde lo local, creando algo que no es ni totalmente europeo ni puramente neuquino, sino ambas cosas a la vez.
La gastronomía no llegó a Ivonne por casualidad. Creció en una familia donde cocinar era ritual, transmisión de saberes, identidad. Esa base familiar se encontró después con la precisión de la pastelería clásica, y de ahí surgió Don Costa, ubicada en el centro de Chos Malal.
"De pronto uno empieza a fusionar, a mezclar, uno crea y es un desafío, pero está bueno", dice sobre el proceso de experimentar con productos regionales.
Diez años después, su emprendimiento trascendió los límites de la ciudad. Su propuesta llegó a grandes encuentros gastronómicos, posicionando los sabores del Alto Neuquén en espacios que, históricamente, solo miraban hacia Europa o Buenos Aires.




