En la península de Quila Quina, a orillas del lago Lácar, se alza un templo de madera que ha visto pasar más de cien años. La Iglesia San Juan Bautista no es monumental ni está en el centro de una ciudad. Es pequeña, construida con ciprés patagónico, rodeada de bosque y montañas. Y eso es precisamente lo que la hace única en el patrimonio religioso de la región.
Los misioneros anglicanos de la Asociación Misionera Sudamericana llegaron a estas costas a comienzos del siglo XX con el propósito de evangelizar. Originalmente se llamó Church of the Holy Trinity —Iglesia de la Santísima Trinidad— y atendía a colonos ingleses, pobladores criollos y comunidades mapuche. Con el tiempo, el nombre cambió, pero la iglesia se quedó en el corazón de quienes viven en la zona.
Su arquitectura habla del pragmatismo de la época: paredes de madera, un techo a dos aguas, una torre angosta. Nada sobrado. El interior conserva sus características originales: bancos de madera pulida, un altar modesto, la acústica cálida que solo la madera puede dar. Todavía se celebran ceremonias allí: bodas, bautismos, celebraciones estivales. No es una parroquia de movimiento cotidiano, pero sigue viva.
La iglesia forma parte del Camino de la Fe, una propuesta que recorre unos 800 kilómetros por Neuquén reuniendo sitios vinculados con la espiritualidad y la historia local. Lo particular de Quila Quina es que representa ese encuentro entre la tradición anglicana y el territorio mapuche, donde la fe está inseparable del paisaje.
Para visitarla, lo mejor es coordinarse con los referentes locales. La península está a pocos kilómetros de San Martín de los Andes, pero el acceso depende de la comunidad. Vale la pena el viaje: es uno de esos lugares donde la historia parece hablar en voz baja.




