La primera aerolínea low cost argentina atraviesa su momento más crítico desde su fundación. Lo que meses atrás se presentaba como un plan ambicioso de crecimiento se convirtió en una crisis que cuestiona la viabilidad misma de la empresa.
El colapso operativo
La flota operativa se redujo dramáticamente. Aunque Flybondi informó contar con entre 12 y 15 aeronaves, apenas uno o tres aviones están volando actualmente. El resto permanece fuera de servicio por problemas de mantenimiento, conflictos con contratos de leasing e impagos acumulados.
El impacto en los pasajeros es brutal. Entre junio de 2025 y mayo de 2026, la compañía canceló aproximadamente 2.500 vuelos, afectando a más de 350.000 usuarios. En mayo pasado, casi la mitad de los vuelos programados fueron anulados y la puntualidad cayó a apenas 26%, muy por debajo de sus competidores.
Problemas financieros y laborales
En lo laboral, la situación es igual de preocupante. La empresa acordó suspensiones rotativas con salarios reducidos al 70% para parte del personal. Unos 300 trabajadores pidieron retiro voluntario, mientras ex empleados reclaman atrasos en indemnizaciones y el incumplimiento de acuerdos.
La dirección también se erosionó. La salida de la CEO Paz Lovisolo tras apenas unos meses, sumada a renuncias de otros ejecutivos, agravó las dudas sobre la gobernanza interna.
El frente judicial es otra fuente de presión. Manuel Tienda León demanda por más de $122 millones en servicios sin pagar. Hotel Presidente S.A. solicitó la quiebra de Flybondi por deuda superior a $660 millones por servicios hoteleros, aunque el pedido fue rechazado por cuestiones técnicas, el reclamo sigue vigente.
Pérdida de mercado
Flybondi perdió participación en Aeroparque, cedió posiciones frente a Aerolíneas Argentinas y JetSMART, mientras organismos regulatorios aplicaron sanciones por cancelaciones masivas.
La paradoja es desconcertante: hace pocos meses la compañía anunciaba inversiones por US$ 1.700 millones e incorporación de hasta 35 nuevas aeronaves en la próxima década. Hoy, la brecha entre aquellas promesas y la realidad parece insalvable.





