Las madrugadas tranquilas en Riad terminaron el sábado cuando explosiones sacudieron la capital saudí y humo se elevó cerca del Aeropuerto Internacional Rey Khalid. La alerta aérea se activó antes de las 03:00 y se levantó media hora después, aunque dejó a residentes asustados y vuelos cancelados.
Habitantes de la zona reportaron haber visto llamas y humo negro en las cercanías del terminal aéreo. Un joven de 27 años describió cómo sus ventanas "temblaron", mientras otros calificaron los momentos como "aterrador". El aeropuerto registró perturbaciones significativas con demoras y cancelaciones, según datos del sitio especializado FlightRadar24.
El ataque se enmarca en una escalada militar sin precedentes en Yemen, donde los hutíes —rebeldes respaldados por Irán— controlaron esta semana toda la costa del mar Rojo, incluido el estratégico estrecho de Bab al-Mandab. Esto les permite amenazar las rutas comerciales globales y el suministro de petróleo saudí.
Arabia Saudita respondió con decenas de ataques aéreos contra posiciones hutíes, pero no logró frenar su avance. Riad también acusó a los rebeldes de atacar la ciudad sagrada de La Meca, mientras que inteligencia internacional confirma que los hutíes instalaron radares y túneles en sus nuevos territorios, con presencia de asesores de la Guardia Revolucionaria iraní.
Washington rechazó participar directamente en operaciones militares contra los rebeldes, aunque aprobó la venta de 48 cazas F-35 a Arabia Saudita por USD 24.300 millones para reforzar su capacidad defensiva. Esta decisión ocurre en medio de una tensión regional que ya suma casi siete meses de enfrentamientos.
La violencia en Yemen ha tenido consecuencias humanitarias graves: más de 112.000 personas fueron desplazadas por los combates recientes, y casi 3.000 yemeníes cruzaron el mar hacia Djibouti. Cada nuevo episodio de violencia profundiza una crisis que afecta a millones.
El ataque a Riad demuestra que la guerra en Yemen ya no se limita a ese país: la capital saudí y sus infraestructuras críticas están ahora en el alcance de los rebeldes. La situación presiona tanto al Gobierno saudí como a los esfuerzos internacionales por contener la escalada en el Golfo Pérsico.




