Las fuerzas federales de Etiopía y sus milicias aliadas tomaron el control de Mekelle, la principal ciudad de la región de Tigray, luego que los combatientes del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) decidieron abandonarla. El movimiento marca un golpe importante para la insurgencia, que apenas hace días había lanzado una ofensiva coordinada contra el gobierno central.
El TPLF reconoció su retirada estratégica y anunció que las autoridades regionales operarán desde otra sede de manera temporal. Según fuentes humanitarias y residentes, tropas progubernamentales ya controlan puntos clave de la ciudad, incluido su principal aeropuerto.
Este nuevo enfrentamiento es el más grave desde que terminara la guerra de 2020-2022, que había dejado decenas de miles de muertos. En ese momento, un acuerdo de paz entre el primer ministro Abiy Ahmed y los líderes de Tigray parecía cerrar el capítulo. Ahora, la región vuelve a estar al borde de un conflicto de mayor escala.
El gobierno etíope acusa a Eritrea, Sudán y Egipto de respaldar al TPLF, una aseveración que esos países niegan. El panorama regional se complica: Addis Abeba y Asmara rompieron relaciones diplomáticas recientemente, y dirigentes de Egipto, Eritrea, Sudán y Somalia se reunieron el fin de semana en El Cairo para evaluar la crisis y el riesgo de que los enfrentamientos se expandan por todo el Cuerno de África.
La Unión Africana y Estados Unidos pidieron contención y diálogo. En Mekelle, la ciudad permanecía tranquila el domingo, pero la mayoría de comercios seguía cerrada y los residentes expresaban temor a que los combates continúen o se extiendan a otras zonas.




