Hace un cuarto de siglo, Diego Sierra y Mariana Real transformaron un hobby casero en una cervecería que hoy produce 15 mil litros mensuales en Villa La Angostura. Lo que comenzó en 2001 como una experimentación doméstica se convirtió en Epulafquen, un emprendimiento que combina producción artesanal, gastronomía y un patio escondido entre el bosque nativo.
El punto de partida fue simple: Diego elaboraba cerveza para sí mismo. Cuando se instaló en la localidad patagónica, compartió sus primeras producciones con amigos y conocidos. "La gente realmente le gustó y creímos que podía ser una opción más para vivir en este lugar maravilloso", recuerda Diego sobre esos primeros pasos.
El crecimiento fue constante. Comenzaron con una capacidad de 50 litros, pasaron a 150 y después a 300. Con el tiempo incorporaron un equipo de mil litros que les permitió alcanzar la producción actual. Detrás de esos números hay un proceso que conserva el cuidado de sus orígenes: cada cocción es seguida con atención, cada lote es probado hasta encontrar el sabor buscado.
"Después de 25 años, todavía nos emociona hacer las cocciones, seguir el proceso y probar el producto cuando encontramos lo que buscábamos", cuenta Diego. Esa búsqueda constante mantiene vivo el entusiasmo inicial en una actividad que pudo haberse convertido en rutina.
La cervecería ofrece distintos estilos: Golden, English Pale Ale, Scottish, Session IPA elaborada con lúpulo Victoria, IPA inglesa y Stout. Cada variedad presenta perfiles diferentes de aroma, cuerpo y sabor, reflejando la diversidad del universo cervecero artesanal.
Lo que distingue a Epulafquen no es solo su producto. Su ubicación forma parte de la experiencia: está pensada como un refugio de montaña, casi como el quincho de una casa en medio del bosque nativo. Llegar requiere internarse entre los árboles, y allí la cerveza se comparte con una propuesta gastronómica sencilla, en un espacio donde el encuentro con quienes elaboran cada cerveza es parte del viaje.




