La crisis económica que atraviesa el país dejó una huella profunda en los hogares de menores ingresos. Un estudio del Instituto Periferias revela que casi el 62 por ciento de las personas en barrios populares está endeudada, y lo más preocupante es el motivo: casi seis de cada diez tuvieron que pedir dinero prestado para comprar comida.
La investigación se basó en más de 5 mil casos relevados en 15 provincias y muestra un cambio dramático en los patrones de endeudamiento. Antes, las familias se endeudaban por eventos puntuales —un cumpleaños, una emergencia médica—. Ahora, el crédito se convirtió en una herramienta de supervivencia cotidiana.
Daniel Menéndez, titular del instituto, fue directo al diagnóstico: "Esto no es una crisis de deuda, es una crisis de ingresos". Cuando el salario, los trabajos esporádicos o la jubilación ya no alcanzan para llegar a fin de mes, el endeudamiento pasa a ocupar ese vacío.
El panorama se agrava con otro problema: los índices de mora —la gente que no puede pagar— están en máximos históricos. Mientras tanto, la brecha entre lo que cobran los bancos de intereses y lo que pagan sobre ahorros es abismal, sumando presión sobre los bolsillos de quienes menos tienen.
Menéndez fue claro en su conclusión: sin una recuperación real del poder de compra de los salarios, las familias seguirán endeudándose indefinidamente. La solución, advierte, no puede esperar.




