El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, presentó una estrategia para intensificar la presión económica sobre Irán, medida que generó una respuesta inmediata de China.
Bessent advirtió que cualquier país o empresa que mantenga relaciones comerciales con Teherán enfrentará consecuencias del poder económico norteamericano. El plan apunta a cinco sectores específicos: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo.
La respuesta de China no tardó. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Lin Jian, aseguró en rueda de prensa que su país defenderá sus intereses dentro del marco del derecho internacional. Además, reiteró la oposición de Pekín a lo que calificó como sanciones unilaterales ilegales.
Cuando se le consultó si los bancos chinos serían alcanzados por las sanciones, Bessent respondió que nadie está exento del alcance de las medidas estadounidenses, aunque no mencionó explícitamente a la economía china ni a las instituciones financieras que facilitan transacciones con Irán.
Irán ha enfrentado restricciones comerciales durante décadas y ha desarrollado sistemas financieros complejos para evadir bloqueos. Antes de la escalada de conflicto actual, exportaba millones de barriles de petróleo principalmente hacia China.
Los analistas vinculan la moderación del tono estadounidense respecto a China con la próxima reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, aunque la respuesta china sugiere que las tensiones persisten más allá de cualquier cálculo diplomático.




