El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, confirmó el miércoles una purga masiva en los altos mandos militares de su país. Aproximadamente uno de cada cinco generales y almirantes serán removidos de sus cargos durante la segunda administración de Donald Trump.
Hegseth justificó los despidos argumentando que busca cambiar radicalmente el funcionamiento del Pentágono. Señaló que el Departamento de Defensa debe ser "implacable, firme e intransigente" en su misión de victoria, y que los militares que no se alineen con esta visión no tienen lugar en la estructura.
Los números son contundentes: Hegseth ordenó destituir al 10% de los generales y almirantes en servicio activo, además de reducir las plazas disponibles para oficiales generales en otro 10% adicional. En julio pasado había 851 generales y almirantes en servicio, una cifra cercana al máximo legal permitido de 857.
Este anuncio es el punto más visible de una reestructuración que comenzó hace meses. En mayo, Hegseth ya había ordenado reducciones similares, argumentando que era necesario eliminar "capas burocráticas innecesarias" que obstaculizaban el crecimiento y la eficacia operativa.
Al menos 20 generales, almirantes y líderes militares civiles han sido destituidos o renunciaron desde que Hegseth asumió su cargo, incluido el jefe del Estado Mayor Conjunto y los máximos mandos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.




