La situación de los hogares argentinos se agrava mes a mes. En julio pasado, 5,9 millones de personas acumulaban deudas con atrasos mayores a 90 días, según datos de la Central de Deudores del Banco Central basados en un relevamiento de la consultora 1816.
El panorama es inquietante: la morosidad dentro del sistema bancario alcanzó el 12,94% en julio, cuando apenas nueve meses atrás —en octubre de 2023— rondaba el 2,5%. Es decir, se multiplicó por más de cinco en menos de un año.
Las familias enfrentan un problema de escala. Los datos muestran que 23 de los 30 bancos principales registraron aumento en sus carteras morosas, lo que evidencia que el deterioro no es aislado sino sistémico. Además, fuera del sistema bancario la situación es más grave: entre entidades de crédito como Mercado Pago y Tarjeta Naranja, la morosidad trepa al 33,69%.
Ante la dificultad de pagar, las refinanciaciones tocaron récord histórico: $2,6 billones en obligaciones reestructuradas, equivalentes al 3,7% del total de crédito a hogares. Aunque esto ofrece alivio temporal, los deudores siguen figurando técnicamente como morosos durante meses después de refinanciar.
Un dato revelador: la mitad de quienes tienen atrasos superiores a 90 días debe menos de $626.000. Sin embargo, ese monto representa un peso brutal para sus ingresos. El INDEC registra que la mitad de los trabajadores ocupados percibe menos de $800.000 mensuales.
En total, los 5,9 millones de deudores morosos representan aproximadamente el 28% de los 20,8 millones de deudores registrados en el sistema. Para los analistas, aunque el endeudamiento irregular no detiene automáticamente el crecimiento económico, la cantidad de hogares afectados deja claro que la morosidad es hoy un problema de primer orden para una porción significativa de la población.




