Migrantes marroquíes que intentaron cruzar hacia Ceuta, el enclave español en el norte de África, cuentan historias de frustración y peligro tras regresar a su país. La mayoría padecieron hambre, agotamiento y violencia en su travesía, según relatos recopilados por medios internacionales.
Brahim, panadero de Fez, sobrevivió apenas tres días bebiendo solo agua. No pudo costear los alimentos: un sándwich de atún alcanzaba casi 10 euros. "Vine a progresar, no a que me engañen", expresó sobre su experiencia en Ceuta, donde esperaba construir una vida mejor.
Otros migrantes describieron la situación como asfixiante. Un trabajador comparó el lugar con "una prisión donde no había nada que hacer, todo estaba cerrado". Un camarero fue golpeado y perseguido: "Nos impusieron un asedio para obligarnos a salir por nuestra cuenta… y lo lograron".
Mohamed Ahmed, sudanés de 43 años, nadó durante cuatro horas para llegar. A pesar de haber sobrevivido, afirmó con contundencia: "No voy a volver. Prefiero morir intentándolo aquí".
No todos tuvieron suerte. Faten Ben Amar el-Azizi, futbolista del Maghreb Atlético de Tetuán, murió en el intento de cruzar a nado la frontera. Su club lamentó en un comunicado: "El sueño de Faten terminó antes de comenzar". La joven deportista buscaba una vida digna y un futuro que creía le esperaba al otro lado.
La cifra de fallecidos en Ceuta asciende a 88 personas. Entre jueves y el fin de semana, las autoridades reportaron más de 48 mil devoluciones de migrantes marroquíes, en lo que evidencia una crisis humanitaria sin precedentes en la zona.




