El sector de la construcción atraviesa una crisis profunda que golpea directamente a los corralones de barrio de todo el país. Lo que parecía ser un freno transitorio se convirtió en una caída sostenida de ventas que obliga a comerciantes y trabajadores a reestructurar sus operaciones.
Los números son duros. Según datos del INDEC correspondientes a agosto de 2026, la actividad de la construcción retrocedió un 4,4% en comparación interanual. El desglose de materiales es aún más preocupante: asfalto cayó 18,4%, yeso 17,0%, cales 13,0%, pisos y revestimientos cerámicos bajaron 11,9%, y ladrillos huecos perdieron 9,7%.
Los dueños de corralones reportan caídas aún mayores en sus ventas locales. Hugo Romero, responsable de un corralón en Buenos Aires, indicó que sus ventas bajaron entre 30 y 40%. "La gente compra lo justo y pide precios. Hacemos un montón de presupuestos por día, pero pocos se concretan", explicó. La contracción fue tal que debió reducir su equipo: "Antes éramos ocho compañeros y ahora somos seis".
En el conurbano bonaerense, la situación es similar. Otro comerciante señaló que usan camiones viejos para descargar porque no pueden invertir en equipamiento nuevo. "No nos queremos endeudar por miedo a que empeore", aseguró, resaltando que "casi no hay margen" para tomar decisiones.
Tres factores convergen en esta crisis: la paralización de obra pública, la dificultad para acceder a créditos y la pérdida del poder adquisitivo de las familias. La costumbre histórica de acopiar ladrillos y cemento como resguardo de valor prácticamente desapareció, dejando sin clientes regulares a los comercios de proximidad.
Con mermas que en algunos puntos del país llegan a 50% respecto a períodos anteriores, toda la cadena de la construcción espera que las condiciones económicas permitan una recuperación.




