A 35 kilómetros de Plaza Huincul, la Primaria Rural N° 176 de Challacó funciona como un laboratorio vivo donde niños y niñas aprenden matemática, ciencias y lengua a través de proyectos reales: cosechan membrillos y hacen mermelada, trabajan una huerta, cuidan animales de granja y criaban codornices en incubadora.
Con solo nueve estudiantes organizados en dos aulas multigrado, el equipo de la escuela teje conexiones entre las áreas curriculares usando la naturaleza como eje. La idea es que cada contenido tenga sentido porque está vinculado a algo que sucede en el territorio.
La directora, Paola Godoy, explica cómo funciona la articulación: el profesor de educación física planifica el cronograma de siembra y el abonado del terreno con los maestros de grado; el de plástica trabaja con lombricultura —los nutrientes de las lombrices fertilizan la tierra—; en computación diseñan etiquetas que luego imprimen y colocan en los frascos de dulce que producen.
Un ejemplo concreto: cuando cosecharon membrillos, siguieron todo el proceso de elaboración de mermelada, la probaron en la escuela, y luego diseñaron y armaron las etiquetas en computación. Así un proyecto atraviesa varias materias sin desconectarse de la realidad.
La granja alberga patos, gansos, conejos y próximamente gallinas ponedoras. Todo lo que ocurre con los animales se convierte en contenido de Ciencias Naturales: ciclos de vida, reproducción, cuidados, alimentación.
Desde la dirección provincial de Ruralidad, a cargo de Fátima Piussi, impulsan ampliar la jornada escolar a tiempo completo para que estas prácticas agroecológicas y tecnológicas se profundicen. La escuela dispone de laboratorio científico-tecnológico, sala de computación con una notebook por estudiante, pizarras digitales y conectividad.




