En el corazón del norte neuquino, a más de mil metros de altura, la estatua de María Auxiliadora vigila el valle de Chos Malal. El Cerro de la Virgen se convirtió en destino de caminantes y creyentes gracias a una iniciativa comunitaria que arrancó hace más de 70 años.
Llegar hasta el monumento cuesta un par de horas de caminata o es posible subir en vehículo hasta la cumbre. La recompensa vale la pena: desde arriba se ve la ciudad entera, los cerros circundantes y el punto donde confluyen los ríos Neuquén y Curi Leuvú. Ese paisaje es parte del atractivo.
Un camino que nace en la fe
El sitio forma parte del Camino de la Fe, una ruta de más de 800 kilómetros que conecta Ailinco con Villa La Angostura y recorre lugares donde la historia religiosa dejó huella en la Patagonia neuquina.
La historia del monumento comenzó en junio de 1954. Un grupo ligado al oratorio local subió varias veces al entonces llamado Cerro Martín. Con piedras escribieron el nombre "Domingo Savio", marcando el carácter espiritual del lugar.
En agosto, más familias se sumaron para mejorar el camino de acceso. Paralelamente, solicitaron una estatua de la Virgen al Colegio Pío IV de Buenos Aires. La imagen llegó a Chos Malal el 2 de octubre de 1954 y fue recibida por la comunidad movilizada: autoridades, vecinos, jinetes y hasta una carroza adornada con ángeles.
Al día siguiente, en andas, la llevaron hasta la cúspide del cerro. Desde entonces el lugar es conocido como Cerro de la Virgen María Auxiliadora.
Restauración reciente
La obra original incluyó un pedestal de unos diez metros construido por vecinos como Leonardi (director de la Mina San Eduardo), Manuel Ramos, Edgar Ibrahim y el padre Pedro Pegoraro. Con el tiempo, el espacio fue modernizado: el arquitecto Alejandro Santana intervino recientemente en la restauración del monumento y su entorno, incorporando nuevos acabados y mejoras en la base.




