En Buta Ranquil, en el norte de Neuquén, existe una capilla que es mucho más que un edificio religioso. La Capilla Exaltación de la Santa Cruz es el resultado de un esfuerzo comunitario que data de 1945, cuando la construcción original debió ser demolida por su precario estado.
Fue entonces cuando un grupo de vecinos decidió que no iba a perderse esa historia. El 19 de julio de 1945 se conformó la comisión Pro Templo, encabezada por el comisario Enrique Paz Videla junto a José Luis Bioisoli, José Jadull, Salvador Catalá y el padre Marcelo Gardin. Su objetivo: levantar un nuevo templo que mantuviera viva la fe de la localidad.
Tres días después, el 22 de julio, trasladaron la piedra fundamental de la antigua capilla al nuevo lugar, donde fue bendecida por el padre Gardin. Un gesto simbólico que conectaba el pasado con lo que estaba por venir.
La construcción no fue tarea sencilla. Antonio González, el constructor, debió fabricar su propio horno para producir la cal que usaría en el mortero. Fue trabajo artesanal, comunitario, hecho con las manos de gente que creía que valía la pena reconstruir.
El 26 de mayo de 1947, monseñor Alfonso María Buteler, obispo de la diócesis de Mendoza y Neuquén, bendijo la capilla terminada. Desde entonces, el templo se convirtió en uno de los símbolos religiosos más importantes de Buta Ranquil.
Hoy, la capilla forma parte del Camino de la Fe, un corredor turístico y religioso que conecta más de 40 espacios de espiritualidad a lo largo de toda Neuquén. Visitarla es tocar la historia de una comunidad que eligió reconstruir antes que olvidar.




