En La Vega, a la entrada de Caviahue, una familia retomó una actividad que había quedado en pausa durante años: las cabalgatas. María René Garrafa, junto con su pareja Marcos y sus hijos Paz, Maxi y Trini, recuperaron un emprendimiento que comenzó con el padre de María René cuando ella era joven, pero que tiene una raíz mucho más profunda que una simple propuesta turística.
Todo empezó hace seis o siete años, sin intención de convertirse en negocio. Los chicos de la familia querían pasar tiempo en el campo, conectar con los caballos y rescatar esa vida que admiraban en su abuelo. Recién hace poco más de un año decidieron formalizar la idea y transformarla en un emprendimiento con reglas: hoy están habilitados por el ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén.
Para María René, que llegó a Caviahue a los 8 años y vive allí de manera permanente hace dos décadas, este retorno significa mucho más que recuperar un negocio. "Durante mucho tiempo me costó encontrar mi lugar, sentir que realmente pertenecía", reconoce. Los caballos y La Vega fueron la respuesta que buscaba.
La propuesta de la familia difiere de una típica cabalgata de turismo: en La Vega, antes de montar, los visitantes trabajan junto a los animales. Los cepillan, los alimentan, observan su comportamiento. Así comienza la experiencia: no desde el estribo, sino desde el respeto y el conocimiento de quiénes son los caballos que los van a llevar.
Es el mismo ritual que María René, Marcos y los chicos realizan cada mañana, mientras el volcán Copahue se alza imponente sobre el valle. Los caballos primero. El turismo, después.




