En el corazón del Alto Neuquén, cerca de la Laguna Negra y el paso internacional Pichachén, nació un emprendimiento turístico que invita a recorrer la cordillera a caballo. La iniciativa surge de Gisella Porro y su familia, quienes transformaron el campo heredado de su abuelo en una propuesta de turismo rural que mezcla naturaleza, gastronomía local y tradiciones serranas.
Lo que hoy funciona como una experiencia de tres días fue tomando forma hace poco. Gisella creció veraneando en ese terreno, pero la idea de convertirlo en emprendimiento llegó cuando uno de sus hermanos la propuso junto a su hija. La familia decidió capacitarse a través del Curso de Formación en Cabalgatas impulsado por el ministerio de Turismo y la dirección de Varvarco, profesionalizando un saber que llevaban incorporado por generaciones.
El viaje no es solo montar a caballo. Los visitantes comparten el ritmo de trabajo del criancero, participan en tareas del campo y pasan noches alrededor del fogón escuchando historias del lugar. Los recorridos pasan por la Laguna Negra, la cascada Las Toscas y bosques de lengas y robles centenarios, con vistas hacia la Sierra Velluda y el volcán Antuco ya en territorio chileno.
La gastronomía regional es parte central de la propuesta. Almorzos en el medio del bosque, rodeados de árboles milenarios y sonidos de la naturaleza patagónica, forman parte de la experiencia. En el camino es posible avistar cóndores, guanacos, zorros y distintas especies de aves.
Gisella y su familia son parte de una nueva generación de emprendedores que apuestan por el turismo rural en el norte neuquino como forma de preservar tradiciones y generar oportunidades económicas en la región.




