Una semana después de la avalancha que azotó la frontera entre Nepal y China el 26 de agosto, las autoridades confirmaron al menos 955 fallecidos y más de 4.400 desaparecidos. Las cifras siguen creciendo a medida que avanzan las tareas de recuperación de cuerpos.
Las autoridades nepalíes reportan 939 muertos en su territorio, mientras que China confirmó 16 fallecidos en la región de Tíbet. En paralelo, casi 600 extranjeros figuran entre los desaparecidos.
Entierros sin esperar identificación
Desde el domingo, Nepal comenzó a enterrar en forma masiva a víctimas cuyos restos no pudieron identificarse. La decisión responde a razones sanitarias: los cadáveres se descomponen rápidamente y los depósitos locales colapsaron. El único depósito de Bharatpur tiene capacidad para apenas veinte cuerpos.
Las autoridades toman muestras de ADN antes de enterrar, lo que permitirá a las familias exhumar e identificar formalmente los restos después. Para víctimas de confesión hindú, los entierros son provisionales, respetando así la tradición de cremación.
Cientos de tumbas fueron excavadas en el bosque de Devhgat, a unos 200 kilómetros de donde ocurrió la tragedia. El lugar, hasta ahora conocido por sus rutas de senderismo, se convirtió en cementerio provisional.
Recursos internacionales en camino
Nepal solicitó a Estados Unidos cámaras frigoríficas, y a China y Singapur drones y equipamiento esencial. Aviones de la India, Japón, China, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y Corea del Sur ya han llegado a Katmandú con estructuras de puentes, generadores, tiendas de campaña, mantas, alimentos y medicamentos.
El primer ministro Balendra Shah describió la situación como "un desastre natural de magnitud inimaginable" y confirmó que el Ejército continúa coordinando las operaciones de búsqueda y rescate.




