Desde 1823, Argentina y Estados Unidos mantienen relaciones diplomáticas sin interrupciones, aunque no siempre sin fricciones. A lo largo de estos 204 años, hubo momentos de tensión y otros de acercamiento que moldearon la política exterior argentina según cada coyuntura.
A fines del siglo XIX, Argentina buscaba consolidarse como potencia regional en Sudamérica, lo que generó diferencias con Washington. El episodio más grave fue el apoyo estadounidense al Reino Unido durante la Guerra de Malvinas, cuando fracasaron los intentos de negociación impulsados por Perú y la ONU, incluso con participación del entonces Secretario de Estado Alexander Haig.
El continente americano fue testigo primero de conflictos entre potencias coloniales europeas, luego de una competencia entre Gran Bretaña y una Estados Unidos emergente, y finalmente de la consolidación hegemónica estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial.
En los últimos cincuenta años se identifica tres períodos de mayor cercanía: durante la dictadura militar de 1976 en plena Guerra Fría; bajo la administración Menem en los '90, cuando Argentina se alineó con Washington tras la caída del Muro de Berlín; y la actual con Javier Milei en un contexto de rivalidad entre Estados Unidos y China.
En los '90, el alineamiento fue equilibrado: Argentina mantuvo vínculos fuertes tanto con administraciones republicanas como demócratas estadounidenses, sin abandonar la cooperación con Brasil y Chile. Esta política de Estado regional fue clave para fortalecer el Cono Sur como zona de paz y democracia.
Con Milei, el enfoque cambió. El alineamiento es automático y personal con Donald Trump, y se redujo significativamente la prioridad en las relaciones con los vecinos de la región. Según analistas, nunca desde el regreso a la democracia en 1983 la política exterior argentina estuvo tan subordinada a la de otro gobierno.
El gobierno libertario retoma conceptos del Realismo Periférico, teoría desarrollada hace cuatro décadas por Carlos Escudé, que plantea que Argentina no es el centro del mundo. Sin embargo, especialistas señalan que en la región y en temas globales importantes, el país mantiene relevancia, y que descuidar la integración regional es contraproducente.




