La apuesta del Gobierno por consolidar la economía en torno a la exportación de productos primarios —agro, minería e hidrocarburos— deja al país expuesto a dos riesgos simultáneos que podrían agravar la situación fiscal y cambiaria.
Según un análisis de la consultora Epyca, mientras los precios internacionales de esos bienes fluctúan según condiciones globales que Argentina no controla, el país carga con compromisos de deuda por más de USD 40.000 millones en moneda extranjera, incluidos títulos reestructurados, préstamos de organismos multilaterales y pasivos corporativos.
El informe advierte sobre un cambio estructural en cómo se financia el endeudamiento mundial. Hasta hace pocos años, el esquema permitía que grandes economías como China acumularan reservas de dólares que compraban bonos del Tesoro estadounidense, manteniendo bajas las tasas de interés globales. Esa estabilidad se quebró con la pandemia.
China ya no compra esa deuda para acumular reservas, sino que invierte sus superávits comerciales en infraestructura en otros países. En consecuencia, la proporción de deuda estadounidense en manos de acreedores extranjeros cayó del 42% en 2010 a apenas 21,5% hoy.
Esta recomposición de inversores encareció los costos de financiamiento global: el Tesoro estadounidense, que históricamente rendía menos que los bonos de Alemania, Japón o Reino Unido, ahora cotiza a tasas más altas. El efecto cascada es inmediato para economías como Argentina que dependen de dólares baratos y precios altos de sus exportaciones, dos condiciones que hoy se deterioran simultáneamente.




